Gibrán significa “el soñador” y khalil quiere decir “el elegido”. El nombre del autor vendría a significar algo así como “el soñador elegido”.
El Jardín del Profeta hace mención a eso, al sueño de un hombre elegido, a la moral más pura de un visionario.

Parece ser que la obra fue ideada como una trilogía, de la cual El Profeta y El Jardín del Profeta serían la primera y segunda partes, la tercera, La Muerte del Profeta, no llegaría a escribirse.
La obra en sí se enmarca dentro de una tradición y preocupación por el hombre, que se hizo notar a comienzos del siglo XX.
En esta misma tradición de literatura sapiencial, de legítima búsqueda de los perennes valores del hombre encuadraríamos también, por ejemplo, Ciudadela (Citadelle), de Saint Exupéry.
Ante la idea de que la vida moderna estaba matando los valores espirituales del hombre, esta literatura procuró buscar lo auténtico, lo humano y trascendente.
En 1919 Gibrán sorprendió a sus amigos con una edición (pagada por él mismo) de un bello volumen que contenía La Procesión, su oculta obra maestra de poesía arábiga, elaborada con especial mimo.
En La Procesión observamos que a menudo se deja llevar por el encanto de la lírica, ajeno a la estricta continuidad de la Kasida, el poema es una inconsciente autobiografía de él mismo.
Gibrán el sabio, maduro para sus años y Gibrán el rebelde, que cree en la unidad y universalidad de todo lo que existe y que anhela la sencilla e impersonal libertad, mezclada armónicamente con todas las cosas.
Para Khalil Gibrán el ser hombre se resume en el imperativo ético, ya formulado por Píndaro de la siguiente manera: “llega a ser el que eres”, o sea, autenticidad, proyecto de hombre que debe hacerse en el tiempo, en su propia historia para realizarse como verdadero.
Esta obra, esta vocación de tener que llegar a ser hombre demanda una acción y una contemplación.
Gibrán recoge así la tradición de dos corrientes filosóficas, la filosofía de la contemplación interior, del ensimismarse, del refugiarse en lo profundo del hombre; y recoge también la filosofía de la acción, de la praxis.
El hombre no puede vivir encerrado en sí mismo ni tampoco volcado por entero a las cosas.
Si vive encerrado en sí mismo, se desobliga del mundo, se aparta de los otros seres en los cuales se halla inmerso; si vive hacia fuera, para la práctica, entonces las cosas pueden distraerle de su vocación de llegar a ser hombre.
El justo medio sería, por lo tanto, una acción dirigida por la contemplación, una acción que naciese de la fuerza interior del hombre.
Gibrán busca una unión perfecta entre acción y reflexión. No el hombre para las cosas, sino las cosas para el hombre; no el hombre para la reflexión, sino la reflexión para el hombre.
Esta armonía del hombre consigo mismo y con las cosas es un equilibrio inestable.
El hombre se deja atrapar por sus intereses que desvían su vocación; esto significa que vive alterado, en desasosiego, en angustia.
Toda inquietud que le aleje de su propia y esencial vocación es un distraimiento, es un romper con la armonía y la paz que el hombre debe alcanzar para cumplir su fin último.
El justo equilibrio del hombre solamente se logrará con el amor, “porque el amor se basa en el amor”, “y no tiene más deseo que realizarse”.
Pareciera que Khalil Gibrán fuera un eco de aquel versículo del Mahabarata que dice:”No hay nada superior al hombre”.
Esta fe en el hombre, sin embargo, está enraizada en Dios, Dios como totalidad, Dios como comunión de todas las criaturas en El, y Dios como centro donde convergen todas las ansias y todos los intereses.
La sed de infinito, el deseo de trascender hallan su expresión más viva en la participación y comunión de todos los seres en Dios.
En su filosofía, Gibrán recoge los ideales comunes de la persona humana, ideales que parten de una creencia compartida por casi todas las culturas y religiones y que versan siempre sobre la dignidad y libertad del individuo.
La libertad de la persona nace de su voluntad para elegir su destino. La dignidad surge de su esencia espiritual.
Pero para que el hombre pueda alcanzar su completa realización, liberta y dignidad deben desarrollarse mediante la verdad y la práctica del amor fraterno.
La verdad y el amor conducen al bien. La revolución propuesta y el amor conducen al bien.
La revolución propuesta por el autor es una revolución espiritual en que cada hombre sea consciente de su potencialidad espiritual y dueño de su propio destino.
La voz del profeta es ese rumor de lo infinito que hay en todo hombre y se dirige a recordarnos dónde está nuestra misión y dónde nuestro verdadero anhelo; el profeta es consciente de que no dice nada nuevo, todo es antiguo como el hombre, pero es necesario recordarle el hombre su camino para que no se aparte de él.

CRONOLOGIA
1883.
6/12 nace en la ciudad de Bcharri, al norte de Beirut, el escritor, artista y poeta libanés Gibrán Khalil Gibrán, en el seno de una familia modesta, en la que destacaba una madre cariñosa cuyo afecto y recuerdo guardó hasta el fin de sus días. Los datos más acusados de su personalidad de niño fueron su tranquilidad, sensibilidad y su afición al dibujo.
1895
Emigra a los EEUU con su madre, Camila Rahma (que fallece el 28/6/1903), sus dos hermanas Maryana y Sultana (esta última fallece el 4/6/1902) y su hermano materno Brutus (fallecido el 12/3/1903). En Boston, donde la familia reside en un bario miserable, Gibrán estudia en la escuela pública.
1898
3/8 Regresa a Beirut con un conocimiento rudimentario del
árabe. Pasa 3 años en Dar al-Hikma (Colegio de la Ciencia), en esta ciudad, aprendiendo árabe y francés.
1901
Vuelve a Washington, pasando por París.
1902
Viaja de nuevo a su patria acompañando a una familia americana como guía. Pero la enfermedad de algunos miembros de su familia y la muerte de su hermano le hacen decidirse volver a Washington. Trabaja entonces maqueteando portadas de libros y comienza a vender sus dibujos y a llamar la atención como artista.
1904
Expone sin éxito sus dibujos y colabora como corresponsal en el periódico “Al Muhayir”, publicado en Nueva York. Es entonces cuando nace su relación casi filantrópica con Mary Haskell.
1905
Publica su libro “La Música”, compuesto de poemas místicos en prosa y considerado como su primera obra literaria en lengua árabe.
1906
Publica “Las ninfas de los valles”, también en árabe. Esta obra era esencialmente un ataque a las instituciones eclesiásticas entonces existentes, con lo cual se ganó entre los árabes una fama de escritor revolucionario que rechazaba la tradición y la realidad corrompida que vivía.
1908
Publica “Espíritus rebeldes”, obra en la que aboga por una espiritualidad, pero atacando a la iglesia y desenmascarando a los clérigos.
1908-1910
Permanece estudiando en París. Aunque en estos años se respiraba en París la corriente cubista que tanto preocupaba y era discutida en los medios europeos de vanguardia, no le influyó lo más mínimo. Fue entonces cuando conoció a Auguste Rodin y leyó mucha literatura europea en general, en particular poetas románticos como William Blake, que ejerció en él gran influencia. Además estudió la filosofía alemana, concretamente a Nietzsche, que le impresionó profundamente, aunque de forma pasajera.
1910
Nada más concluir la Conferencia árabe de París, regresa a Boston y funda la sociedad al-Halaqa al-Dahabiyya (El eslabón de oro), de carácter político, cuyo objetivo era liberar a los árabes del dominio otomano.
1912
Muere su padre en el Líbano. Publica su relato autobiográfico “Alas rotas” y comienza la correspondencia con la famosa escritora árabe Mary Ziyadeh, correspondencia que duró 20 años y concluyó con la muerte de Gibrán.
1913
Participa en la redacción de la revista “Funun” (Las artes). En este mismo años publica “Una lágrima y una sonrisa”, que es un conjunto de poemas en prosa.
1914-1917
Expone 3 veces
1918
Publica su libro de poemas filosóficos, “Los cortejos”, y su primer libro en inglés, “The Madman” (El Loco), lo que no impide que siga publicando en árabe.
1919
Publica una colección de dibujos en un libro titulado “Veinte Dibujos”, de estilo simbolista con rasgos románticos.
1920
Se funda, bajo su presidencia, la sociedad literaria al-Rabita al-qalamiyya (La liga literaria), cuya influencia en la literatura árabe fue decisiva.
1921
Publica su primera obra mística de tendencia dramática: “Iram la de las columnas”.
1923
Publica “Maravillas y novedades”, que es un libro de retratos figurados de algunos filósofos y poetas árabes.
Ese mismo año publica “El profeta”, su obra más conocida, que causó y sigue causando un gran impacto, hasta el punto de ser considerado como el segundo libro más vendido después de la Biblia.
1926
Publica “Arena y espuma”, que es un conjunto de máximas y exhortaciones, algunos de cuyos fragmentos recuerdan a Blake tanto en la forma como en el contenido.
Por esta época se embarca en una aventura financiera en la que pierde todo su dinero. Deja de escribir y se dedica a la pintura para cancelar sus deudas. A pesar de las penalidades económicas que produjeron un desmoronamiento en su salud, continuó escribiendo.
1928
Publica “Jesús, hijo del Hombre”, creación imaginaria de la vida del Mesías, al que concibe como el gran milagro del hombre que le enseñó a amar a quienes le odiaban, que le trajo la paz.
Este libro es una materialización del amor que unifica toda la creación.
Su correspondencia de esta época denota un gran cansancio debido a la enfermedad que le abatió, así como a una gran nostalgia de su tierra, aunque creía que podía llevar a cabo en Nueva York una mayor actividad creativa que el Líbano.
A pesar de que sabía que iba a morir joven, no temía a la muerte, sino que la consideraba como una liberación de este mundo cargado de dolor.
193110 de abril: Muere en Nueva Cork, tras publicar “Los dioses de la tierra”. El 21 de agosto del mismo año su cuerpo es trasladado a Beirut y enterrado en Mar-Sarkis (Bcharri).
Fragmento extraído de El Jardín del Profeta
Luego, Almustafá y la mujer, acompañados de los nueve discípulos, fueron hasta el mercado, y el profeta habló al pueblo, a sus amigos y a sus vecinos, y había alegría en sus corazones y en sus ojos.
Y dijo Almustafá:
“Crecéis en sueños, y vivís vuestra vida más rica mientras dormís. Por ello, todos vuestros días debierais pasarlos dando gracias por lo que habéis recibido en el silencio de la noche.
A menudo pensáis en la noche y habláis de ella como si fuera la estación del reposo, pero, en verdad, la noche es la estación de la búsqueda y del encuentro.
El día os da el poder del conocimiento, y enseña a vuestros dedos a ser diestros en el arte de recibir; pero es la noche la que os conduce a la casa de tesoros de la Vida.
El Sol enseña a todo lo que crece el anhelo por la luz. Pero es la noche la que las eleva hacia las estrellas.
En verdad es el silencio y la quietud de la noche lo que teje un velo nupcial sobre los árboles del bosque, y sobre las flores del jardín; y luego prepara el lujoso banquete, y prepara la alcoba nupcial; y en ese santo silencio se concibe el mañana, en el útero del tiempo.
Así sucede con vosotros, y así, buscáis y encontráis alimento y plenitud. Y aunque al alba el despertar borre vuestros recuerdos, la mesa de los sueños siempre está dispuesta, y la alcoba nupcial siempre está esperando.”
Y el profeta guardó silencio un rato, y ellos también en espera de sus palabras. Luego, volvió a hablar y dijo:
“Sois espíritus, aunque alentéis en cuerpos, y, como aceite que arde en la oscuridad, sois llamas, aunque estéis presos en lámparas.
Si no fuerais más que cuerpos, comparecer ante vosotros y hablaros sería vano, como si un muerto llamara a los muertos. Pero no es así.
Todo lo que hay de inmortal en vosotros es libre de noche y de día, y no puede albergarse en ninguna casa, ni marchitarse, porque tal es la voluntad del Altísimo. Sois su aliento y sois como el viento, que no puede capturarse, ni enjaularse. Y yo también soy el viento de Su aliento.”
Y caminó entre ellos con paso rápido, y volvió a entrar en su jardín.
Y Sarkis, aquel que era escéptico a medias, habló y dijo:
“¿Y qué nos dices de la fealdad, maestro? Tú nunca hablas de la fealdad.”
Y Almustafá le contestó, había un látigo en sus palabras:
“Amigo mío, ¿qué hombre puede tacharte de inhospitalario, si pasa de largo por tu puerta y no toca para que le abras?
Y, ¿quién te considerará sordo y descortés si te habla en una lengua extrajera de la que no entiendes nada?
¿No es eso que nunca has querido alcanzar, en cuyo corazón no has deseado entrar, no es eso lo que consideras la fealdad?
Ciertamente, si la fealdad es algo, es la telaraña que tenemos ante los ojos, y la cera que tapona nuestros oídos.”
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Personalmente creo que al igual que la Biblia, tanto El Jardín del Profeta como La Procesión, hay que leerlas entre líneas por su alto contenido esotérico de significado espiritual.





























