Marco Histórico
A mediados del siglo VI a.c. cuando se supone nació Esopo, Grecia fundaba en Ampurias, en plena Península Ibérica, su primera colonia.
Los hechos de esa época tendrían honda trascendencia en el futuro de la humanidad: la conquista de Lidia y Babilonia por Giro y la batalla de Alalia que inicia, con el triunfo de los cartagineses, la decadencia de las colonias griegas en el Mediterráneo occidental.
La batalla de Pelusso marca otro hito. Cambises, rey de Persia, conquista Egipto y los imperios se trastornan y agitan, pero eso no es lo único.
Estalla la revolución ateniense, Hipias es expulsado de Grecia, Clístenes e Iságora luchan por el dominio de Atenas y se aproxima la revolución y la proclamación de la república en Roma.
Hacía finales del siglo, Esparta domina la Confederación del Peloponeso, se produce la alianza de espartanos y beocios contra Atenas y comienza la revolución contra los políticos y los filósofos pitagóricos en Trotona.
La Literatura de la Epoca
Es en el siglo VI cuando la tragedia adquiere proyección como género teatral y literario, iniciando un proceso que culminaría cien años después.
La tragedia fue la forma artística a través de la cual se expresó más brillantemente la cultura griega y contribuyó a la unificación política y nacional de los atenienses.
Los inicios de ese ciclo se remontan a la época de Esopo quien, no obstante, sólo cultivó el género de las fábulas.
Estas habían sido ideadas por Hesíodo, en el siglo VIII y, según las crónicas, Esopo es, después de su antecesor, el fabulista más antiguo que registra la historia de la humanidad.
Las fábulas narran con sencillez y brevedad crónicas ejemplarizantes, en las que participan hombres y animales y que culminan con una moraleja.

Los filósofos griegos, célebres por sus graves sentencias y sus discursos didácticos, habían sentado los precedentes de las fábulas, pero los que cultivaron este género eligieron una vía más sencilla y más comprensible, que les permitió llegar al pueblo.
Al contrario de los filósofos, enmarcaron sus creaciones en un estilo simple y directo.
Estas cualidades moralizantes hicieron de la fábula un género literario mucho menos denso y complicado que los discursos filosóficos, que por sus características se encontraban sólo al alcance de los sectores más instruidos de la población.
Esopo, escritor brillante y sensible a la capacidad receptiva del pueblo, fue autor de fábulas que aún integran la tradición cultural e histórica de Grecia.
El hombre y su obra
Nació en Amerium, un pequeño pueblo de Frigia, en el centro de Asia Menor.
Fue esclavo y cuando accedió a la condición de liberto se dedicó por entero a la actividad literaria.
Apoyado por Creso, rey de Lidia, pudo escribir centenares de obras y su fama se extendió pronto en toda la región, fundamentalmente en Lidia y Atenas.
Viajó a Persia y Egipto y posteriormente a Delfos, antes de este último viaje criticó con dureza a Pisístrato, tirano de Atenas, satirizándolo en la fábula de “las ranas descontentas con sus gobernantes”, una de sus más famosas.
En Delfos compuso otras dedicadas a criticar hechos locales y eso le acarreó la antipatía de algunos sectores de la población.
A tanto llegó el encono contra Esopo, que un grupo de hombres de ese lugar lo asesinó arrojándolo desde lo alto de una montaña.
Posteriormente, Sócrates versificó algunas de sus fábulas y el monje Planudes recopiló por primera vez sus creaciones, en el siglo XIV d.c.

Hay un antecedente del trabajo de Planudes, según algunos cronistas; en el siglo IV Demetrio Falero recogió una selección de fábulas de Esopo tomada de algunos textos clásicos.
De las obras de este fabulista, consideradas parte fundamental de la literatura didáctica griega, las más célebres son las que se refieren a la vida animal.
Muchas de ellas gozan de amplia popularidad en nuestra época y constituyen verdaderos tratados de moral en los cuales Esopo señala los defectos y los errores de conducta de los hombres.
Manejó algunos personajes prototípicos, entre ellos el zorro, representante de la astucia; el cuervo, al que generalmente presentó como símbolo de la vanidad y las ranas, a través de las cuales, como en la famosa fábula dedicada a Pisístrato, deslizó agudas críticas políticas, sociales y de costumbres.
El aspecto más importante de las fábulas de Esopo es su realismo.
Aún en los casos cuyos protagonistas son animales, a través de éstos presenta y comenta hechos tomados de la vida real de los hombres y los usa para trasmitir un mensaje moral sólidamente basado en la verdad de la vida cotidiana.
Sus relatos han sido elaborados por otros autores pero pocos han logrado igualar su agudeza y su sentido realista.
“Las Ranas que Pedían Rey”
“Vivían las ranas libremente en sus lagunas, cuando se les antojo pedir a Júpiter, con grandes voces, que les enviase un rey para que refrenase con todo vigor sus licenciosas costumbres. Sonriese el padre de los dioses al oír esta pretensión, y les echó una gran viga.
Oyendo las ranas el estruendo que causó el madero al caer en las aguas, huyeron espantadas; pero para conocer al nuevo rey, sacó una de ellas la cabeza poco a poco y, viendo que era una viga, llamó a las demás, que se acercaron nadando y sin miedo, se subieron encima y la ensuciaron, pidiendo a voz en grito otro rey, porque aquél era inhábil. Entonces Júpiter les envió una cigüeña, que comenzó a comérselas una tras otra. Quejáronse amargamente a Júpiter las angustiadas ranas, suplicándole les librase de aquel tirano, pero el dios les contestó:
-Sufrid las consecuencias de vuestra importuna súplica, y ya que con tanto afán pedisteis rey, ése reinará siempre sobre vosotras.”
ACONTECE A MENUDO QUE DESEAMOS LO QUE DESPUES SENTIREMOS HABER LOGRADO
Esopo-Fábulas Completas
Colección Literaria Universal
Editores Mexicanos Unidos S.A.-Marzo 1981





















